El mastín del Pirineo, única raza canina autóctona de Aragón, armado de carlancas vivió junto al ganado trashumante y en defensa de las reses murió frente a lobos y alimañas y disuadió a los amigos de lo ajeno.



Su potencial físico y su profundo ladrido ya de por si intimidaban, pero si aun así el intruso persistía en sus intenciones, aquel perro de aspecto pachón se convertía en un defensor de lo suyo demostrando gran bravura y destreza en la lucha.



El mastín era querido y respetado, y tratado con los valores que se merecía, pero cuando llegaron los años de la hambruna y los lobos cada vez escaseaban mas, el mantener un animal de tal tamaño era un lujo que no estaba al alcance de muchos y esto llevó a que el mastín comenzara un declive que casi acaba con la raza. Pero en los años setenta un grupo de apasionados se preocupan de volver a sacarla adelante y recuperar al gigante de los Pirineos. Se crea el club del mastín de los Pirineos, y con el inicia la raza su recuperación y llega a ser lo que es hoy en día, una raza admirada en las exposiciones caninas, y apreciada por sus dueños en la protección de fincas, donde demuestra sus ancestrales dotes de guarda que, combinadas con su carácter crea un tipo de perro que deja huella a quien lo conoce.